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Qué hace que un directivo que no busca cambio escuche un proyecto

Qué hace que un directivo que no busca cambio escuche un proyecto

El mejor talento directivo casi nunca está buscando. Y sin embargo, a veces escucha. Después de miles de conversaciones con directivos en activo, sabemos bastante bien cuándo y por qué.

Una parte esencial de nuestro trabajo consiste en llamar a personas que no esperan la llamada. Directivos con proyectos consolidados, bien retribuidos, con equipos que funcionan. Personas que, si actualizaran su situación en una casilla, marcarían "no estoy buscando". Y sin embargo, muchas de esas conversaciones terminan en una escucha atenta. Entender por qué es, probablemente, el conocimiento más valioso de nuestro oficio.

Lo primero que hemos aprendido es lo que no funciona: el dinero, por sí solo, no abre la puerta. Una mejora retributiva convence a quien ya quería irse, pero no mueve a quien está bien. Cuando un directivo satisfecho acepta seguir hablando, casi nunca es por lo que se le ofrece: es por lo que se le propone hacer.

El detonante más frecuente es una pregunta que el directivo se hacía en silencio. Todo profesional en la cima de su etapa tiene una inquietud latente: la sensación de que su curva de aprendizaje se aplana, un proyecto que ya funciona solo, la pregunta de si sería capaz de construir algo desde cero o de jugar en otra liga. Una buena propuesta no crea ese deseo; lo encuentra. Por eso las mejores conversaciones no empiezan hablando de la vacante, sino de la trayectoria de la persona y de lo que aún le falta por hacer.

El segundo factor es el proyecto mismo. Los directivos que no buscan solo se mueven por desafíos con sustancia: una transformación real, una sucesión con mandato claro, una expansión que exige construir y no solo administrar. Distinguen en minutos un proyecto con ambición de una vacante con título inflado. Y agradecen la honestidad sobre las dificultades: contarle a un candidato solo lo bueno es la forma más rápida de perder su respeto.

El tercero es quién llama y cómo. A ese nivel, nadie entrega su confianza —ni su currículum— a un desconocido que recita una descripción de puesto. La escucha se produce cuando quien llama conoce de verdad el proyecto, puede sostener una conversación de igual a igual y garantiza una confidencialidad absoluta. La discreción no es una cortesía del proceso: es la condición que lo hace posible.

Y hay un cuarto elemento que casi nunca se menciona: el momento vital. El mismo proyecto, propuesto a la misma persona con dos años de diferencia, obtiene respuestas opuestas. Hijos que se van a la universidad, una etapa cumplida, un jefe que cambia, un aniversario redondo. Nuestro trabajo consiste también en entender esos ciclos y respetarlos: un "ahora no" bien escuchado suele convertirse, tiempo después, en la mejor incorporación.

Para las empresas, la lección es clara: atraer al directivo que no busca no va de pagar más, sino de proponer mejor. De tener un proyecto que merezca ser contado y de contarlo a través de alguien en quien esa persona pueda confiar. Ahí es donde un proceso de búsqueda deja de ser un trámite y se convierte en lo que siempre debería ser: una conversación entre iguales sobre algo que merece la pena.

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